Con la compra en la mano

Casi no pensamos en las bolsas cuando vamos a comprar, pero son algo importante. ¿Imagináis hacer una compra y llevarla a casa sin ella? De ellas hablamos

Imagínate la situación: vas a una tienda, a comprar... lo que sea. Pongamos, como ejemplo, ropa interior ¿Cuánto? Tanto. Ahí tiene. Gracias. A usted. Buenas tardes. Buenas tardes nos dé Dios... Y sales a la calle con tu flamante calzoncillo nuevo... en las manos.

Claro. Es que en el párrafo anterior falta un elemento. Como todas las cosas pequeñas e imprescindibles, se hace invisible en muchas ocasiones, de tanto que le restamos importancia. Sin embargo, el caso del comercio y las bolsas es similar al del tornillo y la guerra ¿Cómo dices? ¿No conoces la fábula del tornillo y la guerra? Pues sigue leyendo:

Se dice que se perdió un tornillo y, como no se pudo encontrar, se no se pudo reparar un tanque. Al no poder reparar el tanque, se perdió la batalla. La derrota en la batalla llevó a perder la guerra. Y, perdida la guerra, dejó de existir un país... Y todo porque se perdió un tornillo.

Un pequeño pero básico detalle

Más allá de lo exagerado de la fábula, la moraleja es tan sencilla y clara como que el más pequeño de los engranajes es crucial para que todo funcione y salga adelante. Y en un sistema tan delicado y de tan difícil equilibrio como es el comercio, tal afirmación cobra especial sentido...

Con la compra en la mano

...Que habíamos dejado a un cliente con sus paños menores aun por estrenar, estampados con la S de Superman –tie’ ca’ber gente pa’ to’, decía el torero-, paseando por la calle porque no le hemos proporcionado una bolsa. Mira que somos torpes.

¿Sin bolsas? Sin excusas

Porque sólo la torpeza puede llevarnos a cometer semejante desliz. No hay excusa. Y no nos vengas con que es por ecología, por salvar al planeta, porque ambos sabemos que una bolsa de plástico tiene múltiples usos y que, aunque no sea así, los contenedores de reciclaje de plástico se han instalado en nuestras calles por algún motivo.

Además, son, al menos hoy en día, muy pocas las empresas que pueden permitirse cobrarle la bolsa al cliente y, encima, hacer publicidad de ello como paladines del Planeta. No deben serlo demasiado cuando racanean en otro tipo de envases de sus productos, que acaban por ser, como poco, igual de dañinos para la Tierra. Pero esa es otra batalla y, como tal, la libraremos cuando corresponda librarla.

Un complemento muy baratito

Otra de las excusas por las que podrías decir que no quieres regalar bolsas a tus clientes y, si tienen que llevar un conjuntito de braga y sujetador rojo y con transparencias en la mano, ellos verán: que se traigan las bolsas de casa es que supone un coste para ti...

Bolsas de la compra

... Y sería un argumento terriblemente torticero. Veamos: cuando vendes, digamos, una docena de huevos, ¿no repercutes el gasto de luz, calefacción, impuestos y todos los etcéteras que quieras en ellos? Pues te vamos a dar un estupendo argumento en el próximo párrafo para que el cliente no salga de tu tienda con los... con los huevos... en la... Hemos puesto un mal ejemplo. Volvamos al de la ropa interior en las manos.

Lo que sí está claro, más allá de supuestos y ejemplos es que una bolsa aumenta muy poco los costes de una venta. Es más: aunque sólo obtuvieras diez céntimos de beneficio neto, casi no valdría la pena repercutir el coste de una bolsa de plástico: recurramos a las matemáticas.

Vamos a entrar en la página web de un proveedor de materiales para empresas, tiendas y negocios. Concretamente, lo hacemos en la del más importante de Europa, Retif. Y, dado que nos hemos puesto, para el ejemplo un margen así de exiguo, vamos a adquirir unas bolsas económicas: un paquete de doscientos contenedores de plástico del tipo “de camiseta”, que salen por 3,49 euros. Esto es, a 0,017 euros la unidad ¿Vale la pena cobrarle la bolsa al cliente, por no decir dejar que se vaya con la compra en la mano, con el perjuicio que eso supone para tu imagen?

De todas las formas, tamaños y colores

Una última objeción que se nos ocurre es la de que los productos que vendes son demasiado pesados o su forma, o tamaño no se adapta a la de una bolsa. Y no, no es excusa: existen bolsas de plástico para tiendas pensadas para cualquier propósito y producto:

Investigando en la misma página web, hemos dado con recipientes de diferentes formas, tamaños e incluso resistencias, según para qué deseemos usarlos. Del mismo modo, las bolsas se presentan en una gama que va desde el plástico transparente hasta las pinturas opacas, para que nadie sepa qué hay dentro.

Pero ese tema, el de las pinturas de las bolsas, el de los dibujos que pueden incorporarárseles y hasta qué punto un dibujo puede ser mucho más que una serie de trazos más o menos estéticos es tema para otro artículo, y como tal lo trataremos.